El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
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miércoles, 24 de febrero de 2010

Mike Prysner y la guerra de Irak

Discurso de un soldado veterano nortemaericano sobre la guerra de Irak, Mike Prysner, y sus
sentimientos acerca de la guerra. 

Fue publicado en diciembre de 2009, y me llegó gracias a jmeca... mi padre.
Enjoy it!


lunes, 22 de febrero de 2010

Evo, la revolución de la reflexión



Ayer estuvo Evo en Coyoacán y lo fui a ver. Me dejó pensando. Además de las sensaciones varias que se trasladaban de un momento a otro, la reflexión es lo que más me caló, el regalo más profundo que pudo haberme dado el presidente boliviano en su visita a la Ciudad de México.
Primero, vino la fase de frustración. Raúl Flores, el delegado perredista tomó el micrófono para darle la bienvenida al boliviano. Chiflidos. ¿Por qué ese afán de protagonismo estúpido, electorero? Hizo bien en gestionar la presentación de Evo en Coyoacán, pero es absurdo querer ponerse sacos que no le vienen. Los chiflidos lo acompañaron.
Esa frustración. Evo, un hombre ilustrado, inteligente que hace de su discurso y acción algo inteligible y va por más, por el bien de todos, por la dignidad de su pueblo. En México carecemos de líderes. Todos gustan de lo pomposo, de las cámaras y del poder como punta de lanza. Son contradictorios y su lema no es más que una sencilla ilusión. Ingenua ilusión.
Pero la gente lo compra, se traga el discurso de “vivir en democracia”, subyugados bajo un sistema podrido, como un mero espectador de las decisiones trascendentales y que continúan manteniendo a la nación como un subordinado de las transnacionales y de lo que haga o deje de hacer EUA.
Bolivia no. No hay embajada gringa, no le rinden cuentas absurdas y degolladoras al Fondo Monetario Internacional. Crecen mediante la inversión estatal, deslindada de la privatización. Evo le hace caso a su gente, no la olvida sino que interpreta a su país como gente también, como parte del pueblo.
Sencillo. Habló desde su trinchera y desde su sapiencia, haciendo pedazos de la política mexicana, negocio y asquerosidad maniatada por los medios de comunicación, la privatización, las componendas incomprensibles y la constante búsqueda del poder para seguir saqueando a la patria.
Ahí viene la fase de la esperanza, de la compañía, de la hermandad. Si Evo pudo en Bolivia, se puede en México, en América Latina como una sola. Bolivia es el país que mayor crecimiento económico tuvo en 2009.
Hoy están los mandatarios reunidos en Cancún, en el marco de la Cumbre México-Caricom. Hipócritas, se abrazan, se saludan. La discusión irá en torno a la eliminación de Estados Unidos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), eso dijo Evo ayer en Co-jo-yoa-can. Una América unida, bolivariana. Eso sería lo rescatable, dejarse de servilismos absurdos.
Evo me dejó reflexivo. Me dejó emocionado. Me dejó revolucionario. ¡Seamos realistas, hagamos lo imposible!

sábado, 13 de febrero de 2010

Desde la entraña

Cierto es que la oleada de violencia que se vive en el país no depende directa y únicamente de Felipe Calderón. De acuerdo. Sin embargo, la situación de inestabilidad se ha extrapolado desde que el polémico mandatario llegó a sentarse a la usurpada silla del poder.
Su visita a Ciudad Juárez, en el marco del debate sobre la reubicación de los poderes de la unión del estado chihuahuense, le caló en lo más profundo del alma (quiero pensar). Los reclamos, que cayeron de una madre de dos de los 15 jóvenes asesinados con atrocidad el pasado 31 de enero, no sólo exhiben la ineptitud de un gobernante pasmado, sino que desmenuza el sentir impotente de la sociedad ante un Estado fallido.
Más allá de lo lamentable y escabroso de la matanza, está la reacción de primera intención de la autoridad. Reducir el campo de acción a una supuesta riña entre grupos pandilleros, es sólo el principio del fin, de su propio fin. Solitos cavan su propia tumba.
Desde la entraña, la voz de Luz María Dávila, la madre que expresó y dejó callado al presidente, con los pantalones caídos. Esa voz representa a su vez a la sociedad, harta, desamparada y que demuestra inteligencia, pues no se traga la porquería que aparenta desde la pantalla, una nación que da tintes severos de ingobernabilidad.
Aquí las palabras de doña Luz María:
Discúlpeme, señor Presidente. Yo no le puedo decir bienvenido, porque para mí no lo es, nadie lo es. Les dijeron pandilleros a mis hijos asesinados. Es mentira. Uno estaba en la prepa y el otro en la universidad y no tenían tiempo para andar en la calle. Lo que quiero es justicia. Póngase en mi lugar, a ver qué siente 
  Foto: Cuartoscuro

viernes, 12 de febrero de 2010

Las notas de la oscuridad

Aquella vez sentí miedo por primera vez. Me arropó sin preguntar y sin fundamentos.
Estaba viajando en el metro, en la línea 7 que lleva a Queens. Mi destino: The Louis Armstrong House-Museum. Después de ir bajo tierra un buen rato, los andenes pudieron respirar un poco, abrir los ojos y llenarse de luz. En ese momento me sentí fuera de mí: una sensación de miedo, de desconocimiento, de que lo demás ya no estaba en mis manos.
La sociedad del espectáculo me atrapó. Me sentí victima de aquellos que masacraron en escuelas, de quienes quisieron los reflectores, para ganar los famosos "cinco minutos de fama".
En fin. Ahí estaba yo, sentado, aferrado a mi mochila, a mis pensamientos estúpidos, a mi desconocimiento. Ahí estaba yo, pensando en lo que podría pasar y temiendo cualquier irreverencia de alguien. Fuera de mis manos, fuera de mi alcance. Por primera vez, no dependía de mí, de mis difíciles decisiones, sino de todo mi entorno, o al menos así lo entendí.
Después de como media hora de viaje, de un horizonte no muy claro, además de feo, decaído. Después de media hora de ese panorama que Nueva York tenía escondido, de grafitis, de vidrios rotos, de gangs, de pandillas, de vandalismo. Después de media hora de drama total, llegó mi parada: 104str y Corona Plaza.
Salí del anden ya un poco menos aturdido, pero todavía con la extraña sensación como de estar en Tepito, en Cidade de Deus, en El Gallito.
Y sí, la música, los olores, la gente. Puro latino sensation.
Todavía dentro del metro, voltee la mirada hacia la calle. Y todo el teatro del peligro y del miedo y de la impotencia se desvaneció, se callo cual rápido apareció.
Un Pollo Campero asomaba dentro de los edificios desgastados. La risa me abordó, la incredulidad me atrapó.
Bajé casicorriendo las escaleras después de tomar la foto correspondiente, la cual no me atreví a sacar con la cámara, más bien con el celular... todavía no estaba seguro de haber rehuido a mi sensación de temor.
Pero llegué abajo y Latinoamérica estaba agrupada en una sola esquina: allá se escuchaba el ritmosón colombiano, acá el Pollo Campero, al lado la cervecería La mitad del Mundo, más cerca la cevichería salvadoreña, y enfrente la venta de ropa huanaca.
Otro estatus sentimental me acompañaba, era mi nuevo compañero y seguramente mi destino. Caminamos juntos y nos perdimos juntos al buscar el Mentado Museo del tal Armstrong. Viajamos varias cuadras, con un sol atosigante, acalorante, alucinante, impresionante.
Llegué a la 107str hecho una sopa instantánea.
Seguí caminando, sentía que las cuadras eran todas iguales. Ya me había terminado el agua y parecía que Louis y yo no nos encontraríamos.
Al final de cuentas, después de 40 minutos de caminar bajo ese sol, un pequeño cartel anunciaba que el destino sólo se había reído un rato, había bromeado conmigo, si tal destino existe. Pero el chiste costó algún espanto y una deshidratación furiosa.
Al fin llegue al museo, pequeño, no muy caro, bonito. Era la casa del padre del Jazz...
Pagué mis seis dólares y una señora, de unos sesenta y cinco anos, con un pie fracturado, fue mi guía. El tour guiado venía incluido en el boleto, así que comenzamos la nueva travesía.
Todo el tiempo habló en ingles, despacio para que yo entendiera. Platicamos, nos escuchamos, nos reímos y reflexionamos sobre Louis y su legado cuando había que hacerlo. Los cuartos: realmente demostraban la transición de alguien que tuvo dinero luego de ser muy pobre. El baño presumía sus manijas, llaves, regaderas y tuberías de oro de 24 quilates. Los espejos, las turquesas. Lo ostentoso.
Lucille Armstrong, la esposa fue la decoradora, la que en realidad se hizo cargo, construyo y adorno. Louis nada mas tocaba, grababa, y mandaba.
La cocina tenía un impresionante espacio. Lucille mandó pintar todos los gabinetes y gavetas del color de su Cadillac, un azul turquesa o azul cielo o azul Guatemala... muy, pero muy hermoso.
El estudio de Louis era mas serio. Con su respectivo bar, cigarrera, escritorio; pero con toda la música de por medio. Con las notas que nacieron en Nueva Orleans, pero que alumbraron Queens, Manhattan y al mundo entero.
Con las Notas que le dieron color y sabor a su vida, y que todavía hoy nos iluminan cuando las cosas parecen estar más oscuras, se aclaran, se transforman. Me aclaran y me transforman.

jueves, 11 de febrero de 2010

Probó el asfalto

Tránsito de miércoles por la mañana. Los pelos de punta: tenía que llegar a la primera clase del día, que en realidad era la única pues el Taller de Prensa III dura cuatro horas. La interjección de dos avenidas estaba copada por un mar motorizado, anormal para el día, la hora y el momento.
Las noticias reflejaban a una sociedad del miedo, de lo inmediato, mediática y paralizada por la violencia injustificada. Los pitazos de los autos se confundían con los insultos; las caras eran arrogantes, superficiales; yo simplemente observaba mi triste realidad.
El motor del auto dejo de sonar. Las llaves estaban ahora pasando de mano en  mano. La distracción como método de olvido, de ocio, de aceptación.
Arranqué de inmediato el carro, pues ahora las bocinas apuntaban a mi dirección, acusándome de ineptitud, señalando mi “imprudencia”.
Lento. De cualquier manera se podían ver los grandes tornillos de las llantas de los carros girar despacio, aburridos.
A lo lejos, una luz rojiblanca intermitente anunciaba el fin del delirante embotellamiento. ¿Qué habrá pasado? Pensamos los cientos de conductores al unísono. Cuando por fin tuve la posición privilegiada para destapar las dudas que paseaban por mi inconsciente, lo vi.
Primero un carro con las luces de emergencia, titilantes. Luego, un grupo de cinco personas con la mirada perdida; llevaban de indumentaria unas batas blancas, otras azules. Dos mujeres y tres hombres. La del cabello recogido, tenía una libreta secundada de un bolígrafo apretado con fuerza, de tal suerte que sus nudillos parecían ahorcados.
Al lado del grupo de personas desconcertadas, incrédulas, estaba la ambulancia. Los carros comenzaban el proceso de desprendimiento del tránsito apretujado y corrían en busca de su objetivo. Mi turno a la hora del esclarecimiento, de saber qué demonios estaba pasando, no fue diferente a los demás: avancé un poco más rápido que en la fila extenuante, pero no tan rápido para poder observar.
¿Morbo? ¿Duda? ¿Curiosidad? Lo cierto es que lo vi. Tirado en el piso, cubierto por una manta azul celeste. Lo único que era reconocible era su mano, que descansaba en el pavimento. Blanca, casi transparente, inerme ante el mundo que ya juzgaba su situación.
Imaginé entonces las portadas de La Prensa, El Gráfico, El Metro… que anunciarían una nueva historia para la suciedad del espectáculo: ¿"Tránsito de muerte"? ¿"Probó el asfalto"? ¿"Le pusieron frazadita"?
Más adelante unos cuantos vehículos se estacionaron. Las luces anunciaban la salida de sus choferes, que se dirigieron a la zona de acción, la zona cero.
Con un suspiro me alejé y caí en cuenta que debía retomar velozmente el camino a la clase. Era tarde, pero al final de cuentas llegaría a tiempo. Con un suspiro me quedé pensando en el muerto. Con un suspiro estaba ya dentro del Taller.
Olvidado en la calle, maldecido por los autos, despojado de sus cinco sentidos, abandonado por la vida. El hombre siguió tendido mientras el mundo avanzó hasta situarnos aquí, ahora. Su mano continuó semiabierta, dejó inconclusa una historia dentro del engranaje mismo de la naturaleza.

martes, 9 de febrero de 2010

Mirada perfecta

Sentados. Él la ve, sostiene la mirada, deja de parpadear y la respiración se olvida gracias al latir cada vez más fuerte del corazón. Agitada, Ella está segura de sí. Lo ve.
Primero entra en acción la mujer. Su mano, sudorosa para ese momento, roza suavemente la mejilla del hombre. Él la besa inmediatamente. Ella le contesta el gesto con una sonrisa.
La mano baja tranquilamente. Llega a la cadera y se acomoda. El viaje es placentero. Los ruidos son más que significativos, apasionantes. La mano describe el cuerpo de la dama, lo siente, lo hace propio.
Los cabellos se enredan y se fusionan con los sentimientos, con la química y el amor físico. Él sostiene la mano en la cadera de ella. Ella sostiene su boca, haciendo chasquidos junto a la de él.
Las sombras los confunden entre las butacas. Sus cuerpos cada vez se hacen uno sólo. Las butacas se confunden con las sombras y ellos se confunden con sus cuerpos.
La función está por terminar. La mano del hombre no se ve. El corazón de la mujer ha desaparecido. Los ruidos excitantes se confunden con los créditos finales.
Desaparecen las sombras. La realidad regresa. Los cuerpos no están. Las palabras arropan la sala. El amor se esfuma. Él es ella. Ella es él. La luz saluda y expulsa a la pasión que termina por ceder.
De nuevo no hay nadie en la sala. Están sentados con la luz prendida y el corazón vuelto un solo. La mano se confunde con ella y ella se confunde con él, con su mirada perfecta.

viernes, 5 de febrero de 2010

Retorno

Inesperado, volteé a ver mi espacio. El lugar donde entra la paz y se confronta a su vez con el mundo exterior. Olvidado, el laberinto estaba inquieto y oscuro. Ansiosa, la pluma se me quedaba viendo, enojada, frustrada. Y todo mientras el mundo daba vueltas, el corazón latía, la mente pensaba y las ideas actuaban.
Hoy por fin me reencontré conmigo mismo, con mi espacio. Aquí estaba, esperando. La pluma se siente más tranquila: es quien traduce al mundo que avanza y mediante mis pensamientos e ideas al fin se desarrollan las acciones.
Como el ocaso, la noche estaba ocupando la vereda. Pero soy terco y pese a que todo sigue oscuro,el mundo rodando y la gente creciendo, a este laberinto todavía no le encuentro la salida. Y no espero hacerlo, no estoy expectante a llegar ya al final. El chiste es el cómo, siempre el cómo.
Hoy, compañeros, esto se reanuda.

viernes, 30 de octubre de 2009

¡Calaveritas!


Los muertos, los santos, los que ya no están nos arropan y nosotros los festejamos. Aquí les brindamos un momento de risa, de juerga y para que se vayan pensando que pueden invitar a un personaje que por aquí nos estorba!

SME y Calderón
Ahí está Calderón, rezando porque a Luz y Fuerza se quiere hundir
Sin embargo al SME, el pueblo lo anima a vivir;
Borracha a la iglesia llega la flaca
Y burlona le grita al del apodo que huele a cloaca:
“No lograrás matar al SME
La gente ya dijo que suya es L.F.C.”

Dolores de Felipillo
Una angina de pecho
Acabó con el presidente mejor hecho;
Qué será lo que adolece a Calderón,
El presidente más cegatón,
Un fuerte dolor en el torso
A la calaca le arruinó el reposo.
Dicen que es por ardor,
Margarita no sabe si será por amor.
Felipe está tan dolido…
Son tres años y nadie le ha aplaudido.

lunes, 19 de octubre de 2009

El nacimiento de la China popular: para todos, sobre todos


Seis décadas han transcurrido desde que se nombró al gigante asiático como República Popular China, tras una guerra civil que finalizó con la victoria del grupo comunista, liderado por Mao Zedong, el 1 de octubre de 1949. La revolución triunfó y con ello se desató una serie de cambios estructurales en el país más habitado del planeta.
Primero con el Gran Salto Adelante, en la década de los 50s, se apuntaló el sector económico con la creación de comunas autosuficientes, aunque no se pudieron establecer al cien por ciento y desembocaron en diversas complicaciones. Luego vino la Revolución Cultural que reanimó la ideología comunista de Zedong y cambió la percepción mundial de los chinos.
Fuente de contradicciones y de crítica internacional, pero con un gran desarrollo popular que sentó las bases para que China se convirtiera en la gran potencia que compite hoy con el imperio capitalista estadounidense: primeros en el deporte olímpico (que siempre ha sido reflejo del nivel de los países), terceros económicamente y con un estricto orden a la hora de trabajar, envidiable por quien sea. Con el comunismo de Mao Zedong, la nación que hoy dirigen Hu Jintao (presidente) y Wen Jiabao (primer ministro), ha adaptado a su sistema el capitalismo que se come al mundo ferozmente. Además de los cimientos para potencializar a su país, Mao ideó un plan para conjuntar las diversas regiones de su amplio territorio y así llegar a todos: la escritura.
La República Popular China inició un proceso de unificación de sus ideogramas y con ello la simplificación de su entendimiento. Se estrecharon los vínculos de los pueblos internos y así se caminó hacia un mismo destino, comenta el músico Carlos Prieto en Cinco mil años de palabras, obra literaria donde plasma su investigación sobre las principales lenguas del mundo, a las que pertenece el chino, situado en el estudio sobre la familia sinotibetana.
La imposición del Esquema Oficial de Simplificación de la escritura china, puede ser comparable con la conquista americana por los europeos. Como cuenta Eduardo Galeano, escritor uruguayo en Memoria del fuego, los conquistadores implantaron, maquiavélicamente, un idioma común (para ellos), como el español, inglés, portugués y francés, con el que le impusieron una religión, un nuevo rol social y una cosmovisión diferente de la vida, a los nativos.
En China, de un momento a otro, cambió el sistema y la percepción de la vida. Cierto es que se cerraron filas dentro de la visión del mundo socialista chino; sin embargo existieron segmentaciones que alejaron a diferentes regiones. Simplemente llegó un grupo a imponer un estilo y en lugar de acatarlo, lugares como el Tíbet, Hong Kong y Macao decidieron resistir y apoyarse en su historia para continuar con su idioma, más allá del sistema de producción que Mao proponía e imponía.
Hoy, el mes de octubre es el mes de China, el mes de la República Popular que comenzó con el cambio que colocó a los chinos como la potencia mundial en la que se han convertido.

martes, 13 de octubre de 2009

Politkóvskaya, una voz silenciada


Han pasado tres años de la muerte de una de las más grandes periodistas de todos los tiempos, y todo parece seguir igual. Al atardecer del sábado 7 de octubre de 2006, un sicario asesinó de cuatro tiros a Anna Politkóvskaya, en el ascensor del edificio donde vivía, en Moscú.
Anna podría ser considerada como el modelo de periodismo de lo que en México conocemos como el ser y hacer de gente de la talla de Carmen Aristegui: sin tapujos, sin reservas, con lucidez. Aunque la periodista, que hoy tendría 51 años, era mucho más directa y se involucraba profundamente en los movimientos sociales, llegando a ser, en un punto, una activista por los derechos humanos.
Desde su trinchera, Politkóvskaya había denunciado constantemente la sanguinaria intervención del ejército ruso, desde 1991, en la República Chechena de Ichkeria, ubicada en el suroeste de Rusia.
En México y América en su totalidad, podría pensarse que el vínculo con la Chechenia de Anna Politkóvskaya es lejano, y que los idiomas son tan distintos que no valdría la pena hacer un alto y reflexionar la historia de la periodista eslava. Pero no. Más allá de las barreras de la lengua, se encuentra la similitud de historias, que se han ido diluyendo con el tiempo, pero que dejan constancia del desangramiento con el que cargan ambas regiones del mundo.
La lengua, como apunta el músico Carlos Prieto en Cinco mil años de palabras, no sólo forma parte de un conjunto de signos que le dan identidad a un país o región, sino que le brinda una cualidad que comunica más que sólo palabras: es la manera de interpretar el mundo, la forma en que cada pueblo construye su realidad. Y la realidad se construye a través de la herencia que explica el presente y entiende el pasado, como lo traduce Eduardo Galeano, periodista uruguayo, en Memoria del fuego, refiriéndose al nacimiento de la historia en América
Anna, escritora en su etapa final para el Nóvaya Gazeta y autora de libros como La Rusia de Putin o Diario Ruso, fue heredera de escritores rusos que se desarrollaron dentro de la injusticia social, autoritarismo y guerras: Fiódor Dostoyévski retrató a la Rusia zarista de una manera cruda y descarnada, en Crimen y castigo; León Tolstoi que tradujo sus ideas anti-violencia con su estilo claro y hermoso en La guerra y la paz.
La herencia no es diferente en el continente americano. Periodistas como la mencionada Carmen Aristegui, tienen el legado de Scherer, Galeano, Benedetti. Con la misma lengua y la pluma como principal sustento, que cuenta historias y traduce momentos. Por eso se entrelazan las historias, sin importar realmente el lugar, región o país de procedencia, logrando una visión crítica, como lo hizo, en su momento, la voz acallada de la gran Anna Politkóvskaya.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Relatos Insomnes


Acostado, tengo los ojos abiertos y una mirada perdida que no encuentra más que el miedo en el horizonte. El cerebro me está aplicando una mala jugada. Los pensamientos me carcomen el sueño y no veo más que la catástrofe, y cómo se apodera de mí, del mundo.
Dejaremos de existir, o por lo menos dejaremos de estar aquí de la forma en que estamos, algún día. Nos transformaremos, viajaremos a otro estado químico. ¿Cómo seremos entonces? ¿Qué seremos? ¿Quiénes fuimos antes de ser lo que somos?
Otra vuelta a la almohada, me traslada a otra reflexión espeluznante (en este momento, ya todo es terrible). ¿Por qué me tocó estar aquí, en este tiempo, en este lado de la Historia? Me hubiera gustado vivir en el franquismo, pero del lado catalán. No, no. Mejor durante el Renacimiento, allá por 1630. Hablar otro idioma menos viciado, más propio y elegante.
El sudor se confunde con las lágrimas y la mente sigue viajando. Algún día dejarán de hablar español. Se irá extinguiendo poco a poco, lentamente. Tal vez corra con la suerte del dálmata, no lo sé. Me hubiera gustado ser Tuone Udaina. Una ligera risita ahuyenta la confusión por un momento. Me hubiera gustado ser el último en la Tierra que hablara algún idioma, como Udaina. ¿Me hubiera gustado? Tal vez todo iría bien hasta que mi destino se encontrara con una mina terrestre, llevando mis pedacitos de vida rumbo a otro lugar, otro tiempo, otra lengua.
El hubiera no existe, me dice un giro más en la cama y con él otro vendaval de ideas catastrofistas, reflexivas, que alejan mi sueño. Regresemos a vivir al Renacimiento. Aunque yo sería testigo del primer siglo de conquista americana, del saqueo, de la explotación, de la imposición del español sobre los idiomas originales de los primeros habitantes del continente. ¿Sería testigo? O tal vez, simplemente sería yo un pintor, un escritor, un… ¿conquistador?
El hubiera no existe, me recuerda la almohada. Tal vez lo que debería hacer es levantarme, tomar un abrigo y salir a caminar en medio de la noche. Tal vez debería de irme de mi vida, del mundo, de mi mundo, tal vez.
El nudo en la garganta me reclama, me aturde, me sigue empujando a pensamientos insomnes. ¿Y si viviera hace Cinco mil años, donde las palabras sobraban y el lenguaje se basaba en ser, en estar, en sobrevivir? Sería otro yo. Luchando por fuego. ¿Sería un yo, o simplemente uno más de los demás?
Cansado, con el sueño un poco más amable, me levanto. Estoy aturdido, como si tuviera la Memoria encendida por el fuego, quemada, achicharrada; pero llena de recuerdos, de momentos y de historias que ni siquiera viví. Entonces prendo la luz y antes que nada, empiezo a escribir.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Catalunya y América, víctimas de la conquista


Al final de las Ramblas, llegando a las orillas del Mediterráneo, está una estatua de Cristóbal Colón, que ve al horizonte y apunta con el dedo hacia el ahora viejo “Nuevo Mundo”. Un turista le toma fotos, capta el momento, mide la luz, calcula el enfoque. Sube al monumento y llega a la cima. Debajo de éste, reposa la ciudad más importante para el pueblo catalán.
El turista, Barcelona y el mundo entero, se vuelven testigos del señalamiento de Colón. El dedo acusa, dirige y observa desde lejos la manera en que se efectuó el saqueo al continente americano, en cómo se cambiaron las costumbres, se modificaron las creencias.
El dedo señala y recuerda parte de la historia del saqueo, del período inestable que se vivió justo después del triunfo español sobre el indio. Cómo oprimieron a los pueblos y jugaron con el poder aquellos que se decían superiores. Reflexivo, el turista ve el nacionalismo catalán. “Més que un poble”, se alcanza a leer a lo lejos una manta que cuelga del Camp Nou, estadio del Barcelona.
Con ánimo aventurero, desciende de Colón y vuelve a las Ramblas, andador más visitado en el mundo. Decide sentarse. A su lado, está un señor de unos setenta años, calvo, que tiene en las manos un libro rojo con negro y, en las piernas, un violonchelo hermoso.
- Galeano, ¿No es así? – Le dice el visitante al señor. – Yo justamente estaba leyendo el de Memoria del Fuego. Qué increíble la historia de opresión. – El señor sólo asiente. - Es triste ver cómo un pueblo como éste, se haya aprovechado de la inocencia de los latinos.
Molesto, el señor interrumpe al turista:
- Latinoamericanos. – corrige. – Y en todo caso sería toda América, en general. Pero además, si usted se refiere al pueblo catalán como opresor de los indios, me parece que dista mucho de la realidad.
El señor de unos setenta años le cuenta al visitante, que Catalunya nunca participó en la conquista de América. Le precisa que, de hecho, en el momento en que se produce la imposición de España, Portugal y compañía, sobre los indios, los catalanes luchaban por su autonomía, llegando a ser lo que son hoy, una Comunidad Autónoma, pero que sigue buscando su total independencia.
Boquiabierto, el turista nada más asiente mientras el señor continúa con su discurso:
- De hecho, y tengo que remitirme a los datos duros, fue en los años de 1640, 1714 y 1936, cuando más fuerte se manifestó el deseo independentista. Se calmaron, los tres, con las intervenciones del jefe español en turno: Fernando IV, Felipe V y Francisco Franco.
Entonces, el señor que estaba leyendo a Galeano, se incorpora y se despide, pero antes se presenta: - Me llamo Carlos Prieto, y hoy tocaré en L’Auditori. Lo invito, pero antes, será mejor si le da un vistazo a la historia de la lengua catalana, que también es fascinante. Deberá hacerlo, si quiere entender lo que ocurrirá esta noche.- Prieto se va y el turista se queda perplejo, atónito. De su mochila, saca un libro grande, con símbolos extraños: Cinco mil años de palabras, de Carlos Prieto.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Desde Chiapas: un recuerdo, un enojo y un saludo


Estimados lectores, colegas, compañeros, profesora: Los saludo desde San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, mi hogar. Aquí nací, aquí crecí, de aquí soy. Viví en una casa ubicada en la calle Brasil, del Barrio de Mexicanos que, extrañamente, era compuesto por calles de nombres de países latinoamericanos. Y desde unas cuadras más lejos, les escribo.
La cuestión no es contarles aquí toda mi historia, mis sentimientos, mis más entrañables recuerdos; sino hablarles de un enojo muy particular, que me aqueja en estos momentos. Resulta que por motivos ajenos a la fortuna, tuvimos que rentar la casa en la que vivimos durante quince años; hogar que construyó mi madre, a base de esfuerzo, dedicación y… suerte.
Luego de dos años de arrendamiento a unos guatemaltecos, llegaron unos italianos que parecían amables y sensatos. El tiempo nos relató todo lo contrario, y es de donde surge el punto de este relato, de esta furia y rabieta.
Caminando por la calle, en el Andador Turístico, que va de la plaza de Santo Domingo al cerrito del Carmen, me topé con el restaurante La Paloma. El lugar es manejado por unos amigos, y tiene, a su vez, una galería de arte que expone y vende obras características de Chiapas y de la dueña. Fue, en su momento (allá por el año de 1529), la residencia del conquistador Diego de Mazariegos. Colonizador, que fundó la provincia, nombrándola Villa Real de Chiapa. Más tarde adoptaría otros nombres como Villa Viciosa, Villa de San Cristóbal, Ciudad Real y por último, San Cristóbal de Las Casas, en honor a Fray Bartolomé, el redentor de los indios, según cuentan.
En fin, luego de toda la reflexión que me produjo La Paloma, probablemente porque estoy leyendo el libro de Eduardo Galeano, Memoria del Fuego, y que habla, entre otras cosas, del Viejo Nuevo Mundo y la colonización, cristianización y subyugación de América; caí en cuenta de que enfrente de mí, estaban los famosos italianos que rentaron mi casa.
En su momento, a los señores se les ocurrió cortar unos cuantos árboles frutales, quemar basura en el lugar de la composta, y volver mi casa, un hostal: Lagrigua, bed & breakfast. Hotelito del que nos enteramos por internet, y del cual vivían, pagaban la renta y ahorraban excedentes.
Me sentí como burlado, explotado… claro que a su debido nivel. El chiste, es que llegaron unos europeos, que no hablaban mi idioma y que se aprovecharon de los recursos ajenos, para satisfacer sus ambiciones y pretensiones. Al final de cuentas, se fueron y llevaron un buen botín.
Entré al restaurante y comenzamos a discutir. Cada quién hablando a su estilo, a su respectivo idioma. Logré entender algunos de los insultos que me propinaron, sin duda ellos hicieron lo propio. Pienso que ni siquiera Cinco mil años de palabras serán suficientes para describir lo que nos comunicamos en la casa de don Diego. Frustrado, me salí del restaurante y comencé a escribir...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Asterix, el galo de la memoria en el fuego

Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles Galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum... *
Eduardo Galeano cierra el libro de Asterix que le lee al nieto de su amigo. Se acerca a la chimenea y aviva el fuego que calienta la noche, toma un sorbo del vino francés de la reserva, y presencia cómo el aparato de sonido cambia el disco, de Tortelier a Prieto. -Noche de chelos-, piensa para sus adentros.
El roce del arco con la brea y las cuerdas, producen a Eduardo una sensación distinta. Se queda pasmado, con los ojos cerrados e imagina. Mientras, en la sala, el niño lo observa curiosamente. Del amigo de sus abuelos, nada más ha leído un libro que le encantó, El fútbol a sol y sombra, sabe, de oídas, que es un grande, un fenómeno.
El amigo de Galeano, algo preocupado por él, le dice que si quiere más vino. Saca del trance al escritor uruguayo. Eduardo asiente y se toma el último trago de su copa, y luego retoma la palabra.
-¿En qué íbamos?-, le pregunta al niñito, y antes de que éste pudiera decir algo, Eduardo ya está contando la historia. -Los ches que hicieron estas historietas de Asterix, sí que tuvieron imaginación-, le dice,-revolucionaron al mundo. Pensar que tenían en una bandeja a Julio César… Cómo me reía con ellos-.
Y continúa, -¿Sabés que en realidad los romanos fueron quienes subyugaron a los galos? Es cierto que Abraracurcix, el jefe de la aldea de Asterix, existía, y mantuvo a su aldea a salvo durante mucho tiempo, pero Vercingentorix era quien en verdad salvaba la cabeza, ¡Vercingentorix!-
El niño lo ve raro, se queda con cara de signo de interrogación, pero sigue escuchando al que alguna vez fuera colega de su abuelo en el diario Época: -Ese tipo… ¡Qué tipo! ¿Sabés que Carlos Prieto, al che que estamos oyendo, se le ocurrió hacer un libro? Es curioso, pero siempre me recuerda a mi Memoria del fuego, sobre todo al tomo I. ¿Lo leíste ya? Las letras de Prieto son distintas a sus notas, son más serias. Cinco mil años de palabras se llama su libro. Cuenta la historia de las lenguas, su nacimiento, su transformación.
Me gusta asociar a Prieto con mi Memoria del fuego. Desde su relación con las Primeras voces del mundo americano, de todo el continente, y la irrupción de dos cosmovisiones: el mundo desarrollado europeo, contra nuestro Viejo nuevo mundo. Deberías de revisarlo, sobre todo si querés ser escritor… a propósito de la Galia, el chelista éste platica de la aparición del francés, ¿Podés creer?-. Galeano bebe vino de nuevo. Se queda pensando y abre, al fin, el libro de Asterix…

*GOSCINNY (Guión)/UDERZO (Ilustraciones), Asterix en los Juegos Olímpicos, Barcelona, Grijalbo/Dargaud, 1968

lunes, 31 de agosto de 2009

Primeras voces del Portugués


Sentados alrededor de la fogata, esperaban la noche un grupo de tupinambáes. Veían el fuego, escuchaban sus tronidos y cantaban por momentos. Dentro de su ritual, comían pedazos de mandioca (yuca) asada, esparcían en el piso puños de amendonimes (cacahuates), y danzando alrededor del fuego, se frotaban las pieles de las jibóias (boas) recién cazadas.
Dentro de su organización como sociedad, donde todos eran iguales y nadie ostentaba el poder, hacían este tipo de rituales seguido. Luego de las jibóias, seguían representaciones de luchas entre jacarés (cocodrilos) y jaguares, reverencias al tapir y al tucán.
Sin embargo, esa noche el viento traía consigo aires de eventos extraños. De momento, un par de bailarines se detuvo. Veían incrédulos al amanecer, hacia el horizonte. A lo lejos, en el océano, un objeto no muy claro que descansaba sobre el agua.
Las discrepancias entre los pueblos (todos participes del ritual de aquella noche) tamoios, temiminó y tipiniquim, quedaron en el olvido. Si bien estaban reunidos festejando a la vida, luchaban constantemente por el deseo de vengar los sacrificios de sus caídos, en manos de algún vencedor.
Las pausas entre guerras, más allá de descansar del conflicto, unificaba su idioma y amalgamaba creencias. El despertar de aquella noche de festejos, de cantos, de música y de danza, heredó en los tupinambáes, mucha más comunión de la que hubiesen esperado jamás.
Del objeto raro, que parecía una canoa gigante, descendieron unos seres extraños. Lo primero que pensaron fue en que habían llegado los dioses. Divinidades que brillaban como la plata, de cuatro patas y dos cabezas (hombres sobre caballos) y que cargaban aparatos divinos y no se desprendían de ellos.
Los ladinos comenzaron a llevarse a sus mujeres, siguieron derramando la sangre de (ahora) sus amigos y aliados, continuaron robándose sus frutos y cosechas. Se creó entonces la Confederación de Tamoios “Cunhambebe”, un grupo que luchaba en contra de los invasores (portugueses). Trataron de detenerlos, pero sus esfuerzos, rituales y creencias no fueron suficientes. Algunos permanecieron en la historia y se fueron con los colonos de Ubatuba y se volvieron caiçaras.
Poco a poco fueron relegados a la esclavitud, a trabajar en los ingenios de azúcar, a adoptar la idiosincrasia y lengua portuguesa. Se fue perdiendo la Memoria del fuego de aquella noche Tupinambá. Así nació Brasil, del palo que cortado derramaba un líquido rojo. Así nacieron las primeras voces del portugués latinoamericano.

*Basado en:
PRIETO, Carlos. Cinco mil años de palabras. 2°Edición, FCE. México 2007 (Capítulo V: El Portugués)
GALEANO, Eduardo. Memoria del fuego I. 32°Reimpresión, Siglo XXI editores. México 2009 (Cap 1: Primeras Voces)


La palabra no se crea ni se destruye, sólo se transforma


Los pueblos van, los pueblos vienen. La cultura cambia, evoluciona, pero nunca se esfuma. Su forma más precisa de identificación es intermitente: la palabra está, existe, pero es diferente según su momento, según su período.

El tiempo va, el tiempo viene, pero siempre está presente. Por allá se comienza a hablar de determinada forma. Acá dicen las cosas a su propio estilo. Más lejos ya no se entiende. Pero todos, al final de cuentas son de un mismo lugar.

La historia podría enumerar sus variadas lenguas. Siempre abriendo los ojos y cerrándolos. La historia podría contar cómo el ser humano ha asimilado la imposición del poder, a través de la palabra. Como un ciclo, el habla se identifica, se constituye y luego se convierte. La reinvención de cada dialecto pasa también por los vencedores y vencidos.

El suceder de los años en el mundo, ha dicho cómo hablar, qué decir y porqué hacerlo. Es cierto, cada ser humano en cada época es distinto, se comunica dependiendo lo que desea y el lugar en el que su ubica. Luego nacen los cánones que reglamentan y cuadriculan los signos y señales, los mensajes.

Los vencedores implementan sus estilos. Los vencidos acatan, dejan sus acentos, se olvidan de sus comas y las letras pertenecientes a su cultura (que arrastra la misma historia), y se adaptan, siempre se adaptan.

Pronto la palabra que reina se decae. El purismo se tambalea y el pueblo se impone. La alta cultura ve como lo popular acecha, crece. No importa que ostenten el poder, por lo menos los oprimidos se identifican con algo, lo hacen suyo. Probablemente no lo piensen tanto como una estrategia, pero se masifican, derrotan al dialecto/lengua que tenían sobre de ellos y lo olvidan.

Como si fuera una necesidad, una guerra o algo inherente al humano, la palabra se esfuma y aparece otra. Unos dirán que lo vulgar (desde el punto de vista despectivo) es el que termina heredando al presente, lo que hoy se habla. Otros asegurarán que lo vulgar (desde el punto de vista social, popular), es el que simplemente permanece.

Lo cierto es que a Cinco mil años de palabras, de historia y de conocimiento, nadie asegura la eternidad, aunque sí su paso por el tiempo. Alguna vez hubo un latín, hoy existe un español, cuenta Carlos Prieto. Mañana será otra la palabra.

lunes, 17 de agosto de 2009

Viaje a través del tiempo por los idiomas del mundo


El señor llega a su casa. Es viernes y está cansado del trabajo, de su vida. Su esposa quiere platicar, le tiene lista la cena, quiere abrazarlo, se está enfriando, quiere besarlo; pero el señor se desparrama en su sillón preferido. Toma el control y se conecta.
Unas caricias lo sientan cómodamente. Es como seda, como si las nubes lo abrazaran: la música lo secuestra y se lo lleva lejos. Ve distante a su mujer blandiendo la espátula, vociferando. La música lo seduce. Un cello suave, delicado y preciso, lo lleva de la mano y comienza a contarle su historia.
Es el ruso Mstislav Rostropóvich que interpreta a Vivaldi y Tartini. Más tarde se deslizan las notas sentidas de Pablo Casals, catalán. The 6 Cello Suites de Bach, emocionan fuertemente al señor, que ahora tiene los ojos cerrados.
Los grandes cellistas del siglo pasado inundan la habitación y se fusionan con otros. Salen de la colección los franceses Paul Tortelier y Jacqueline Du Pré: de nuevo Bach, después Chopin. Mischa Maisky, letón e israelí por convicción, pone en el escenario a Tschaikovsky y Rachmaninov. Lluís Claret, de Andorra, hace un homenaje al maestro Casals. Y Yo-Yo Ma, el chino, se diversifica y le da color al salón.
Más tarde acude a la cita la novel mexicana Jimena Giménez Cacho y le da cuerpo al Barroco, lo aterriza, cuenta su historia. A su lado, su paisano Carlos Prieto, que desde las entrañas pone a Piazzola en juego, regresa a Bach y presenta a Chelo, su compañera.
El señor no entiende, se desconecta un poco: Cómo es posible que tantos personajes del mundo traduzcan, interpreten y comuniquen, siendo tan direfentes. Carlos Prieto intercede con su Suite para dos violoncellos. Le dice que la música es un lenguaje que comunica, expresa ideas y pensamientos. Le aclara El misterio del origen del lenguaje y de las lenguas, que hay diferencias en Las lenguas de la tierra, pero que todas vienen de una misma nota.
Carlos Prieto, Premio Nacional de Artes 2007, le cuenta la historia de los idiomas, los contrastes con la antigüedad y el presente. Le muestra el desarrollo de regiones, pueblos, culturas, alrededor de un idioma y la aparición de dialectos, como forma de distinción.
El señor sólo asiente con la mirada, sus oídos siguen el ritmo de su lenguaje. Está pensando en la cosmovisión del hombre a través de la palabra, la música, el canto. Reflexiona sobre los grandes cellistas, sus grandes cellistas. Se comunican - piensa -, se entienden - acierta -, interpretan - concluye -. Carlos Prieto lo devuelve a su realidad y le dice: no te preocupes, sólo es un esbozo, te faltan Cinco mil años de palabras. El señor se levanta y se acomoda la corbata. Es lunes, hay que ir a trabajar.

jueves, 13 de agosto de 2009

Acteal: un silencio, un abismo


Un minuto de silencio. Guardarle al tiempo un espacio donde todo el mundo calla. Un minuto. ¿Es suficiente? ¿Quién muere? Ya están muertos, y México también.
Acteal canta y sigue rezando por la paz. Y mientras reza, los masacran, los matan, los olvidan. No es culpa solamente de la Suprema Corte, que decidió liberar a los culpable. No solamente es culpa de quien calló cuando tenía que hablar. No hay culpas. El único detalle es que la libertad y la justicia se murieron.
Un minuto de silencio no es resarcimiento. El silencio puede dar un ejemplo, pero no es justicia ni libertad. El silencio es un vacío y nada más.
El abismo que despertó, que parecía derrotado, sigue latiendo, sigue dictando y sigue viendo desde arriba a la nación, al pueblo y al mismo Estado. No hay perdón, ni olvido, ni entendimiento. No hay ni hubo ni tendremos calma, ni paz, ni libertad, ni justicia, ni silencio.
La Suprema Corte, con los millones de pesos de cojines de asiento de sus sillas, nunca entenderá Acteal. La comunidad no como aldea, no como grupo, nunca como individuos. Acteal es las vidas que borraron y se robaron; Acteal es realidad, es amor y sufrimiento y muerte. Acteal no es ni acepta a la suprema corte, que hoy se ha quedado enana, minúscula.
Acteal es México, que vive masacrado, que lucha pero no encuentra su libertad ni su justicia ni su resarcimiento, por tanta historia que la ha jugado mal, con trampas y engaños. Hoy, se acabó un poco más de la esperanza marchita. Hoy, Acteal sufre pero no está derrotado: tan sólo ha caído y a pesar de todo, Acteal puede levantarse.

domingo, 9 de agosto de 2009

Campeón de la Confederaciones


3 de agosto de 1999
Son casi las once de la noche. El padre va manejando rápido, ya quiere llegar a su casa. La mujer del padre está medio dormida, pero no cede ante el sueño, lleva cargando a su hija de 2 años. La hijita no se ha dormido, no ha dejado de platicar, está viendo las luces de la carretera.
La hija del padre está sentada detrás de la mujer. Va con la cabeza pegada a la ventana, va viendo la noche, los carros, las montañas cortadas que se convirtieron en caminos. En medio va su hermano, el hijo del padre. Entre la realidad y la fantasía, se va debatiendo entre el sueño y quedarse despierto. Detrás del padre está el hijo de la mujer. La música pegada a sus oídos se alcanza a percibir hasta los asientos delanteros. También ve la autopista, los carros. Se pone el cinturón media hora después de haber salido de la casa-hotel donde se hospedaron.
La hija del padre ve, por la ventana, un sin fin de vidrios que adornan el pavimento. Le avisa a su hermano, el hijo del padre. Éste ya está más dormido que despierto, pero logra escuchar un grito que lo deja helado: “¡Ya nos fregamos!”. El padre ve como, al salir de la curva, un carro ocupa dos carriles, está cruzado.
La oscuridad de la noche no le había advertido nada. El freno está empujado hasta la pared del cofre. Las manos se aferran al volante y en conjunto, la mujer, el padre, la hijita, la hija del padre, el hijo del padre y el hijo de la madre cierran los ojos.
Un golpe seco, un latigazo duro, un dolor inmenso. Todo lo demás pasa más rápido. El padre se baja, los ve, les pregunta. No los atiende, hay más carros. Quita primera y pone punto muerto y empuja el auto deshecho doscientos metros, con sus hijos y mujer adentro. El hijo de la madre llora. El hijo del padre no aguanta. La hija del padre ve como empuja el carro, ve a su padre maniobrando el volante y empujando y salvándolos.
Salen todos del carro y corren orillados. Escuchan como otros chocan, escuchan chirridos. Pasan a un lado del autobús que iba detrás de ellos, ahora está vacío. Esperan. Los recoge una pareja que los ven. Los ayudan, los llevan a un Hospital en la ciudad más cercana.

4 de agosto de 1999
Todos están en el Hospital. La hijita en observación. La madre a su lado, se duele, pero la acompaña. En el pasillo el hijo del padre, que no puede caminar del dolor, tiene toda la barriga morada. El hijo de la madre está a su lado, le duele el pecho y el cuello y está estupefacto. La hija del padre está afuera del cuarto de la madre y su hijita, en una camilla.
El padre está preocupado, no entiende, pero sabe que hizo cuanto estuvo en sus manos, y hasta más. Siempre más. Tiene el cuello raspado y miedo de que pase algo. Pero es fuerte. Ve a sus hijos, a su mujer. Todo está en pausa.
La madrugada está por terminar. El padre lleva al hijo de la madre, su hija y su hijo a un hotel, Hotel Jacarandas. Los coloca en un cuarto, los revisa por última vez. Se va. Se dirige a la autopista, quiere ir con los del seguro, quiere resolver.
Los hijos del padre y la madre no se duermen. Les duele. El que no podía caminar, ya lo hace, pero despacio. El que escuchaba música está preocupado por su madre, por su hermana. Llora. La que se dolía del pecho, que es más grande, los tranquiliza, los abraza, se hermanan.
Pasan la noche en vela y se duermen en la mañana. El padre había dicho que si querían ir a la alberca, mejor. Ellos no están de humor. Hay tijerillas caminando a los lados de las camas. Hay mucha gente allá afuera, en la alberca, divirtiéndose.
El padre regresa en la mañana, vuelve al medio día, retorna en la tarde. Todo bien en el Hotel. En el Hospital están más tranquilos, pero habrá que tenerlos en observación todavía.
Llega la noche y con ella la calma. Están vivos, adoloridos, pero vivos. Y el hijo del padre prende la televisión del cuarto, que estaba apagada:
“… Cuauhtémoc, suya, Cuauhtémooooooooc”, “¡Goooooooooooooooool!”, “¡México!”, “¡Golaaaaazo!”. Las voces se confunden. Hugo Sánchez interrumpe a Enrique Bermúdez. Alarcón grita al unísono. El Estadio Azteca es uno sólo: México es campeón de la Copa Confederaciones, le gana a Brasil 4-3.

viernes, 31 de julio de 2009

En la oscuridad de la noche, con el cerebro marchito


Ayer quise salir huyendo. Sentía los testículos en la garganta, sentía que ya no podía más. Saldría simplemente con pantalones, tenis, una playera y una chamarra. Caminaría toda la noche, hasta perderme, sin rumbo. Llegar a un parque, sentarme en un banco y quedarme ahí.

Quise dejar atrás mi vida y perderme. Perderme para encontrarme, en lo más puro de mí. Ayer quise gritar. Sí, lloré un poco. Sentía los testículos en la garganta, un nudo que no me dejaba respirar.

Quería salir huyendo. Quería perderme en la oscuridad del tiempo y así encontrarme de nuevo.
Entonces encendí la luz, y me puse a escribir.