El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
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viernes, 12 de febrero de 2010

Las notas de la oscuridad

Aquella vez sentí miedo por primera vez. Me arropó sin preguntar y sin fundamentos.
Estaba viajando en el metro, en la línea 7 que lleva a Queens. Mi destino: The Louis Armstrong House-Museum. Después de ir bajo tierra un buen rato, los andenes pudieron respirar un poco, abrir los ojos y llenarse de luz. En ese momento me sentí fuera de mí: una sensación de miedo, de desconocimiento, de que lo demás ya no estaba en mis manos.
La sociedad del espectáculo me atrapó. Me sentí victima de aquellos que masacraron en escuelas, de quienes quisieron los reflectores, para ganar los famosos "cinco minutos de fama".
En fin. Ahí estaba yo, sentado, aferrado a mi mochila, a mis pensamientos estúpidos, a mi desconocimiento. Ahí estaba yo, pensando en lo que podría pasar y temiendo cualquier irreverencia de alguien. Fuera de mis manos, fuera de mi alcance. Por primera vez, no dependía de mí, de mis difíciles decisiones, sino de todo mi entorno, o al menos así lo entendí.
Después de como media hora de viaje, de un horizonte no muy claro, además de feo, decaído. Después de media hora de ese panorama que Nueva York tenía escondido, de grafitis, de vidrios rotos, de gangs, de pandillas, de vandalismo. Después de media hora de drama total, llegó mi parada: 104str y Corona Plaza.
Salí del anden ya un poco menos aturdido, pero todavía con la extraña sensación como de estar en Tepito, en Cidade de Deus, en El Gallito.
Y sí, la música, los olores, la gente. Puro latino sensation.
Todavía dentro del metro, voltee la mirada hacia la calle. Y todo el teatro del peligro y del miedo y de la impotencia se desvaneció, se callo cual rápido apareció.
Un Pollo Campero asomaba dentro de los edificios desgastados. La risa me abordó, la incredulidad me atrapó.
Bajé casicorriendo las escaleras después de tomar la foto correspondiente, la cual no me atreví a sacar con la cámara, más bien con el celular... todavía no estaba seguro de haber rehuido a mi sensación de temor.
Pero llegué abajo y Latinoamérica estaba agrupada en una sola esquina: allá se escuchaba el ritmosón colombiano, acá el Pollo Campero, al lado la cervecería La mitad del Mundo, más cerca la cevichería salvadoreña, y enfrente la venta de ropa huanaca.
Otro estatus sentimental me acompañaba, era mi nuevo compañero y seguramente mi destino. Caminamos juntos y nos perdimos juntos al buscar el Mentado Museo del tal Armstrong. Viajamos varias cuadras, con un sol atosigante, acalorante, alucinante, impresionante.
Llegué a la 107str hecho una sopa instantánea.
Seguí caminando, sentía que las cuadras eran todas iguales. Ya me había terminado el agua y parecía que Louis y yo no nos encontraríamos.
Al final de cuentas, después de 40 minutos de caminar bajo ese sol, un pequeño cartel anunciaba que el destino sólo se había reído un rato, había bromeado conmigo, si tal destino existe. Pero el chiste costó algún espanto y una deshidratación furiosa.
Al fin llegue al museo, pequeño, no muy caro, bonito. Era la casa del padre del Jazz...
Pagué mis seis dólares y una señora, de unos sesenta y cinco anos, con un pie fracturado, fue mi guía. El tour guiado venía incluido en el boleto, así que comenzamos la nueva travesía.
Todo el tiempo habló en ingles, despacio para que yo entendiera. Platicamos, nos escuchamos, nos reímos y reflexionamos sobre Louis y su legado cuando había que hacerlo. Los cuartos: realmente demostraban la transición de alguien que tuvo dinero luego de ser muy pobre. El baño presumía sus manijas, llaves, regaderas y tuberías de oro de 24 quilates. Los espejos, las turquesas. Lo ostentoso.
Lucille Armstrong, la esposa fue la decoradora, la que en realidad se hizo cargo, construyo y adorno. Louis nada mas tocaba, grababa, y mandaba.
La cocina tenía un impresionante espacio. Lucille mandó pintar todos los gabinetes y gavetas del color de su Cadillac, un azul turquesa o azul cielo o azul Guatemala... muy, pero muy hermoso.
El estudio de Louis era mas serio. Con su respectivo bar, cigarrera, escritorio; pero con toda la música de por medio. Con las notas que nacieron en Nueva Orleans, pero que alumbraron Queens, Manhattan y al mundo entero.
Con las Notas que le dieron color y sabor a su vida, y que todavía hoy nos iluminan cuando las cosas parecen estar más oscuras, se aclaran, se transforman. Me aclaran y me transforman.

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