
El señor llega a su casa. Es viernes y está cansado del trabajo, de su vida. Su esposa quiere platicar, le tiene lista la cena, quiere abrazarlo, se está enfriando, quiere besarlo; pero el señor se desparrama en su sillón preferido. Toma el control y se conecta.
Unas caricias lo sientan cómodamente. Es como seda, como si las nubes lo abrazaran: la música lo secuestra y se lo lleva lejos. Ve distante a su mujer blandiendo la espátula, vociferando. La música lo seduce. Un cello suave, delicado y preciso, lo lleva de la mano y comienza a contarle su historia.
Es el ruso Mstislav Rostropóvich que interpreta a Vivaldi y Tartini. Más tarde se deslizan las notas sentidas de Pablo Casals, catalán. The 6 Cello Suites de Bach, emocionan fuertemente al señor, que ahora tiene los ojos cerrados.
Los grandes cellistas del siglo pasado inundan la habitación y se fusionan con otros. Salen de la colección los franceses Paul Tortelier y Jacqueline Du Pré: de nuevo Bach, después Chopin. Mischa Maisky, letón e israelí por convicción, pone en el escenario a Tschaikovsky y Rachmaninov. Lluís Claret, de Andorra, hace un homenaje al maestro Casals. Y Yo-Yo Ma, el chino, se diversifica y le da color al salón.
Más tarde acude a la cita la novel mexicana Jimena Giménez Cacho y le da cuerpo al Barroco, lo aterriza, cuenta su historia. A su lado, su paisano Carlos Prieto, que desde las entrañas pone a Piazzola en juego, regresa a Bach y presenta a Chelo, su compañera.
El señor no entiende, se desconecta un poco: Cómo es posible que tantos personajes del mundo traduzcan, interpreten y comuniquen, siendo tan direfentes. Carlos Prieto intercede con su Suite para dos violoncellos. Le dice que la música es un lenguaje que comunica, expresa ideas y pensamientos. Le aclara El misterio del origen del lenguaje y de las lenguas, que hay diferencias en Las lenguas de la tierra, pero que todas vienen de una misma nota.
Carlos Prieto, Premio Nacional de Artes 2007, le cuenta la historia de los idiomas, los contrastes con la antigüedad y el presente. Le muestra el desarrollo de regiones, pueblos, culturas, alrededor de un idioma y la aparición de dialectos, como forma de distinción.
El señor sólo asiente con la mirada, sus oídos siguen el ritmo de su lenguaje. Está pensando en la cosmovisión del hombre a través de la palabra, la música, el canto. Reflexiona sobre los grandes cellistas, sus grandes cellistas. Se comunican - piensa -, se entienden - acierta -, interpretan - concluye -. Carlos Prieto lo devuelve a su realidad y le dice: no te preocupes, sólo es un esbozo, te faltan Cinco mil años de palabras. El señor se levanta y se acomoda la corbata. Es lunes, hay que ir a trabajar.

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