El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

lunes, 31 de agosto de 2009

La palabra no se crea ni se destruye, sólo se transforma


Los pueblos van, los pueblos vienen. La cultura cambia, evoluciona, pero nunca se esfuma. Su forma más precisa de identificación es intermitente: la palabra está, existe, pero es diferente según su momento, según su período.

El tiempo va, el tiempo viene, pero siempre está presente. Por allá se comienza a hablar de determinada forma. Acá dicen las cosas a su propio estilo. Más lejos ya no se entiende. Pero todos, al final de cuentas son de un mismo lugar.

La historia podría enumerar sus variadas lenguas. Siempre abriendo los ojos y cerrándolos. La historia podría contar cómo el ser humano ha asimilado la imposición del poder, a través de la palabra. Como un ciclo, el habla se identifica, se constituye y luego se convierte. La reinvención de cada dialecto pasa también por los vencedores y vencidos.

El suceder de los años en el mundo, ha dicho cómo hablar, qué decir y porqué hacerlo. Es cierto, cada ser humano en cada época es distinto, se comunica dependiendo lo que desea y el lugar en el que su ubica. Luego nacen los cánones que reglamentan y cuadriculan los signos y señales, los mensajes.

Los vencedores implementan sus estilos. Los vencidos acatan, dejan sus acentos, se olvidan de sus comas y las letras pertenecientes a su cultura (que arrastra la misma historia), y se adaptan, siempre se adaptan.

Pronto la palabra que reina se decae. El purismo se tambalea y el pueblo se impone. La alta cultura ve como lo popular acecha, crece. No importa que ostenten el poder, por lo menos los oprimidos se identifican con algo, lo hacen suyo. Probablemente no lo piensen tanto como una estrategia, pero se masifican, derrotan al dialecto/lengua que tenían sobre de ellos y lo olvidan.

Como si fuera una necesidad, una guerra o algo inherente al humano, la palabra se esfuma y aparece otra. Unos dirán que lo vulgar (desde el punto de vista despectivo) es el que termina heredando al presente, lo que hoy se habla. Otros asegurarán que lo vulgar (desde el punto de vista social, popular), es el que simplemente permanece.

Lo cierto es que a Cinco mil años de palabras, de historia y de conocimiento, nadie asegura la eternidad, aunque sí su paso por el tiempo. Alguna vez hubo un latín, hoy existe un español, cuenta Carlos Prieto. Mañana será otra la palabra.

No hay comentarios: