El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
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lunes, 8 de junio de 2009

¿Dónde iremos a parar?


¿A dónde me llevas Carlos? Qué quieres comprobar, porqué no se me ocurre nada. Después de haber leído tu libro me quedé perplejo. Estupefacto. Sin palabras. Primero vino un Dejá vu. Y es que el último capítulo que escribiste, Lo entretenido y lo aburrido. La televisión y las tablas de la ley, de Aires de Famila, me recordó la película de Olallo Rubio ¿Y tu cuánto cuestas?, y me llegó el mismo sentimiento que aquella vez.
La opera prima del ex-conductor de Radioactivo se trataba de una comparación entre Estados Unidos y México, el impacto de la sociedad del consumo y sobre todo, la influencia de la publicidad en el comportamiento de la sociedad.
Aunque tú hables de América Latina, me llegó la referencia de inmediato. Entonces me pongo a pensar, luego de leerte y analizar a tus Aires de familia. Soy producto de la civilización del espectáculo. Soy de la civilización del espectáculo. Soy populachero, pero gourmet. Leo a Benedetti, escucho a Café Tacuba y veo fútbol. Me gusta el tango, Tin Tan y Los Simpson.
Admiro al Ché Guevara, leo su biografía hecha por Taibo II, sus escritos periodísticos en La Ventana iluminada, su carta a Fidel, su diario. También veo la película que hizo el gringo Soderbergh. Me emociono, lloro, me pongo en los zapatos del creador de la “guerra de guerrillas”, lo veo al estilo Schwarzenegger.
¿A dónde me guías Carlos? ¿Acaso quieres abrirme los ojos? Es verdad que aunque te refieres a la sociedad del siglo XX, de la segunda mitad, me siento descrito. Alguna vez vi El show de Cristina. Pero me regañaron, yo mismo me di cuenta de que no valía la pena. Entonces me fui a ver Chabelo, Siempre en Domingo o Sábado Gigante.
Y seguían sin valer la pena. Como tú dices, quién les dio el aval para formar a la sociedad, dar consejos morales, establecer lo bueno y malo. A parte de decidir el calendario de muchas personas, la televisión fijó su postura, como dices que dijo Azcárraga Milmo: la televisión sirve para “sacar de la triste realidad y del futuro difícil” a las personas.
Me dejaste helado. Me dejaste pálido al escucharte hablar de Verónica Castro y su magnífica cosmovisión. A eso se reduce la sociedad creada por el televisor. Hoy, "maestro de niños de ocho a ochenta años".
Y sí, sí es parte de mí. Yo soy parte de ella. Más allá de lo popular, el cine, los héroes, poetas, escritores, profetas y demás; Latinoamérica es una sola. Me hiciste tambalear a lo largo de tus 254 páginas que publica Anagrama. Me trajiste a través del viento, la consciencia de todo un continente, que, unido por diversas funcionalidades, esperanzas o discapacidades, es mío y yo de él.

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