El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
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viernes, 29 de mayo de 2009

Profeta en el amor, profeta de la liberación

Soy una puta. Bueno, una señorita de la noche, una dama de compañía, soy lo que quieras llamarme. No tengo un nombre preciso, lo cambio en cuanto veo a mi próxima víctima. O… ¿La víctima era yo? En fin. Trabajo para ganarme la vida, trabajo por amor, trabajo por obligación, porque no puedo salir de aquí.
Recuerdo las primeras veces. Los olores. Antes que las apariencias, el perfume. Soy dedicada cuando escojo al tipo que, a fin de cuentas, se acostará conmigo o se me acostará el cabrón. Y el olor me causa un no-sé-qué.
No, no tengo pareja. Creo más bien en la liberación femenina. Salgo a votar, cumplo con mis “obligaciones” y soy como soy. No le rindo cuentas a nadie. Bueno, a ningún hombre en especial. Sólo tengo que cubrir mis horas, mi cuota diaria. Y sí, es cierto, a mi madrota no puedo reclamarle ni un pinche pío.
Que qué hago en mis ratos libres. Pues aparte de coger… leer. Me gusta el rollo literario. Meterme en las cabezas de los diferentes tipos. Que se metan conmigo esos cabrones. Ahí está… no sé... Rubén Darío o el buen Óscar Wilde. Siempre leo. Leo y cojo. Me gusta pensar que cuando estoy con algún autor (en sus libros y viajes) estoy como en una liberación espiritual o algo así.
Sí, también me visitan mujeres. En la cama y en las letras. Ayer justamente vino La Poncha, una gauchita, Alfonsina. Paga bien la cabrona. Y pues también le gusta escribir. Yo escribo a veces. Pero luego siento que la cago. No me encanta, al fin leer y coger es lo mío.
Hay veces que los pendejos que me contratan me hacen poemas. Los muy ojetes, además de feos, panzones y culeros, me leen sus barrabasadas. Yo, atiendo. Al fin, se dicen profetas.
Hablando de profetas, el otro día un cabrón fisgón me cachó un texto de La Monsi, de mi amiga Monsiváis. Como estoy pasando por una etapa de crisis y eso, le entré (y pues… él me entró), al de Aires de familia de Anagrama. Ni modo, a veces hasta los más chingones se van con las editoriales más caras, y Carlos tiene que vivir de algo.
Está cabrón el ojete. Pasaron los primeros capítulos y ya me había deprimido. Pero luego me cayó como del cielo, el sexto capítulo: Profetas de otro mundo. Vida urbana, alteridad y modernidad en América Latina (1880-1920).
No sé por qué, pero me identifiqué luego luego, a pesar de que Carlitos se centra en los dos siglos pasados. De todas formas siguen estando esos güeyes, los profetas de Monsiváis, que, sin prejuicios, tratan de defender y explicar las formas en que pensamos y actuamos algunos de los que tenemos otras formas de ser. Como yo, que soy una puta, una lectora, una aprendiz de la vida al fin.

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