
Ariel es un golpe difícil de asimilar. Es una bomba que estalla y explica al mundo, muestra su camino y describe su decadente situación. El uruguayo José Enrique Rodó, analiza a detalle al ser humano como sociedad, como agrupación y como individuo, a través de su ensayo y llama a la cultivación intelectual.
Político izquierdista y colorado, ensayista por excelencia, Rodó atiende el dilema de la democracia como sistema de organización social. Comenta los pormenores de la decadencia del “gobierno del pueblo”, transformándose a una masificación sin un guía aparente.
Además resalta el hecho de que la cultura educada, aquélla que refiere a la intelectualización, es necesaria para luchar en contra del utilitarismo y materialismo causado por la aparente necesidad de inmediatez. Dos puntos muy arraigados en la dinámica estadounidense, que se ha diseminado alrededor del mundo, sobre todo en América Latina.
El ensayo de Rodó, que fue escrito en 1900, no sólo explica la situación que se vivía en ese tiempo, sino que acierta con exactitud a lo que hoy acontece en el planeta. Asimismo, llama a la juventud para que acuda a la alta cultura, la que se distingue de la masa y logra modificar ideas y liderar movimientos.
La lectura, publicada por Mestas ediciones, en 2002, es un material imprescindible para aquellos que desean una visión contundente y directa de la humanidad, a través de un sentimiento que va más lejos que la igualdad y se sitúa en la espiritualidad del ser.
José Enrique Rodó fue aclamado por Ariel, su máxima obra, y personajes como Rubén Darío o Miguel de Unamuno (de igual forma, modernistas), lo celebran con entusiasmo. Aunque es de digestión complicada, se vuelve ampliamente recomendable.
Es difícil aceptar que la cultura no es plural y que depende del tipo al que se refiera. No conviene, como señala Rodó, amalgamar la cultura y cerrar filas. A su vez, menciona que la admiración de labelleza debe ser un factor para situar al ser humano dentro de su sociedad.
Político izquierdista y colorado, ensayista por excelencia, Rodó atiende el dilema de la democracia como sistema de organización social. Comenta los pormenores de la decadencia del “gobierno del pueblo”, transformándose a una masificación sin un guía aparente.
Además resalta el hecho de que la cultura educada, aquélla que refiere a la intelectualización, es necesaria para luchar en contra del utilitarismo y materialismo causado por la aparente necesidad de inmediatez. Dos puntos muy arraigados en la dinámica estadounidense, que se ha diseminado alrededor del mundo, sobre todo en América Latina.
El ensayo de Rodó, que fue escrito en 1900, no sólo explica la situación que se vivía en ese tiempo, sino que acierta con exactitud a lo que hoy acontece en el planeta. Asimismo, llama a la juventud para que acuda a la alta cultura, la que se distingue de la masa y logra modificar ideas y liderar movimientos.
La lectura, publicada por Mestas ediciones, en 2002, es un material imprescindible para aquellos que desean una visión contundente y directa de la humanidad, a través de un sentimiento que va más lejos que la igualdad y se sitúa en la espiritualidad del ser.
José Enrique Rodó fue aclamado por Ariel, su máxima obra, y personajes como Rubén Darío o Miguel de Unamuno (de igual forma, modernistas), lo celebran con entusiasmo. Aunque es de digestión complicada, se vuelve ampliamente recomendable.
Es difícil aceptar que la cultura no es plural y que depende del tipo al que se refiera. No conviene, como señala Rodó, amalgamar la cultura y cerrar filas. A su vez, menciona que la admiración de labelleza debe ser un factor para situar al ser humano dentro de su sociedad.


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