El Laberinto es aquella terquedad infinita. El Laberinto significa incertidumbre.
Es
un camino de sobresaltos, de vaivenes que secuestran la verdad. El Laberinto
es necio,no olvida, nada pasa desapercibido. Es un enredo que desenreda.
El Laberinto de la Terquedad, es la manera más necia de llegar a la verdad.
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viernes, 24 de abril de 2009

El micrófono del narrador

¡Así como el planeta gira en el universo, la pelota ya está rodando en el terreno de juego! Conduce por la banda derecha. Alza la vista, mete centro, falla el delantero. El playera 2 ha estado dando un gran encuentro, pero no digo su nombre porque no me pasan la lista de alineación. Tal vez se llama Rendón o Ralfes… ¡Es Roldán! José Hernández Roldán, buen lateral, debería jugar en primera división.
Con el esférico la escuadra que viste los colores del pentacampeón, los colores de Brasil, San Agustín Tlaxiaca. Ángel Fonseca, el número 24, El Orquestador, la batuta del equipo cambia de frente en un trazo espléndido hacia el 19, Hugo Fernández. Ahora Tlaxiaca ataca por el sector izquierdo, pase de Fernández para Miguel González, quien toca, se la devuelven, ¡Tiraaaaaaaaaaaaa! ¡Fuera!... Sin palabras, señor Jairo.
Y mientras Jairo comenta yo pido una cerveza a los compas de los refrescos que están detrás de nuestro palco de transmisiones. Le llevo a Adrián una porque está cansado de la narración del segundo tiempo del partido anterior, el de los veteranos. Y otra para Jairo que se le las bebe como agua. En la mañana se despierta diciendo que su desayuno son las chelas y que sólo perdemos tiempo con los huevos, frijoles y demás.
José Manuel Fonseca, padre, trae corriendo la alineación que hacía falta.
El partido se ha estancado, las dos oncenas han preferido faulear que jugar. El árbitro bien, pero se le ha empezado a ir de las manos el partido.
Que si pueden decir que quiten los carros estacionados en la avenida principal, o se los lleva la grúa, dice el amigo de los boletos. Bueno, viene el mentado anuncio y continúa la final del VII Torneo Nocturno Tetepango 2009.
Y señoras y señores las cosas se han calmado un poco aquí en el Estadio Ferrocarrilero 1. Así es –dice Jairo – Y me parece normal, ya que ambas escuadras se han brindado a lo largo de la campaña, pero te dejo está Emiliano. ¡Arriba al área Chava Cabrera que dispara!, bien el arquero García. Otra vez Juandhó, los rojiblancos, lastimando la valla de San Agustín, que le ha regalado el balón.
Saque de meta para los amarillos. Manejan a la redonda con cautela en el centro del campo. Casi todas las pelotas pasan por los botines de Fonseca, el Ángel de los verdeamarelhos. Ahora Giovany López se quita a dos, por el centro el ataque de Tlaxiaca que intenta una llegada más. Pase de Giovany para la banda derecha donde Villamil ya toma el balón. Prepara el centro que pasa de largo… y esto sigue cero por cero, nada para nadie en esta final.
Termina el tiempo reglamentario, se fueron los noventa minutos y se vienen los penales.
Y mientras comienza eso de los “once pasos”, llegan las gorditas (otra vez gorditas). A comer mientras se decide quién empieza y quien aguarda, Adrián se “enfunda” un par de gorditas. Yo hago lo propio y Jairo, ya harto de el maíz, ingiere su torta de jamón, expresa de Tortas Arturo.








¡Se acerca el primer pateador señor Adrian! – Así es, Emiliano – Comenta Adrián. Le va a pegar al primer penal el número 9 de la Selección Juandhó. Es Humberto Flores, que se encarrera, la piensa, ¡Suelta el disparo! ¡Gol! Para Juandhó, cerca estuvo García de detenerlo…
Ahora se acerca al balón el señor López, Giovany. Coloca el esférico en el manchón penal y no parece nervioso. Enfrente, Joel Méndez Amador, arqueo de los rojiblancos. Se prepara, apunta… ¡Fuego!... ¡Gol! Para Tlaxiaca. San Agustín Tlaxiaca, los amarillos han puesto los cartones 3 a 2 en los penales. Si el próximo tiro lo falla el equipo Juanhó, los 60mil pesos serán para Tlaxiaca.
¡Disparooooooooooo! ¡Garcíaaaaaaaaaaaa! ¡Tenemos campeón! ¡Paradón del portero García! San Agustín Tlaxiaca se alza con la victoria, con el campeonato del Séptimo Torneo Nocturno Tetepango 2009, en el Estadio Ferrocarrilero 1.
El público, que había llenado las tribunas durante la semana santa, semana del torneo, se retira. En el centro del campo, las autoridades. El Presidente Municipal, el Organizador, el Maestro de Ceremonias. Pasa un señor y le dice a Jairo, Felicidades por la narración, muy buena. Pasan otros dos diciendo un comentario en el que me había equivocado, riéndose. Pasa el tiempo y las luces se apagan. El campo ya está vacío y en el círculo central, la pelota por fin se detiene.

martes, 21 de abril de 2009

Figuras que posan para el escritor


Ahí está Emiliano Zapata. Parado, erguido cual hombre fuerte y mira al frente. Los bigotes bien afinados, las balas le cuelgan del pecho y parece que intenta una sonrisa. Sostiene a su fusil como si fuera algo más que un arma, como si en verdad se tratara de la llave que abre la puerta de la libertad.
Zapata sigue viendo al frente y, con esa mirada penetrante que logró captar la lente del fotógrafo, observa lo que hay del otro lado del cartoncillo. Primero ve a Carlos Monsiváis: el multipremiado escritor, cronista, historiador y periodista, está en su mesa de trabajo y no para de moverse. Escribe, se ríe, analiza y de momento deja la pluma, se va.
Entonces Emiliano sale de la fotografía, salta hasta el escritorio y cae enfrente de lo que escribía Monsiváis. Lee atentamente: Pero, ¿Hubo alguna vez once mil héroes?, ¿si desenvainas por qué no posas de una vez para el escultor? –Vaya ironía – piensa inmediatamente Zapata.
¿Será el nuevo libro de Carlos?, se pregunta. Sigue viendo las hojas y entiende que el texto forma parte del ensayo que escribió nueve años atrás, Aires de familia, y que le valió el premio Anagrama de la categoría,.En fin, Zapata, quien estaba en cuclillas, se incorpora y sigue observando. No es la primera vez que lo hace cuando Monsiváis no está.
El caudillo del sur, a través de su mismo retrato, ha sido testigo de lo que sucede en esa habitación desde hace ya varios años. Se siente cómplice del también autor de Amor Perdido. .
Voltea la mirada hacia arriba, donde está el estante con su imagen. Al lado de él, un busto de plastilina también de él mismo. Le siguen unas veinte figuras de diferentes cosas y manufacturas, todas de él, de Emiliano Zapata. Abajo, en la sección que sigue, algo similar con la imagen de Francisco Villa.
Sigue dando un repaso con la mirada y luego de ver una colección de Superman, Batman, el Sub comandante Marcos y a Marx en diferentes presentaciones, todos en fila; decide apurar el paso, pues escucha que Carlos viene. Una serie de carcajadas delatan al escritor. Monsiváis está hablando por teléfono con alguien sobre el espectáculo de la llegada de Obama a México, sobre su carro blindado, sobre la expectativa y el impactante grupo de seguridad que acompañan al presidente estadounidense.
Está cerca Monsiváis y mientras éste agacha la mirada para sentarse y continuar con su ensayo, Zapata aprovecha para reubicarse en la imagen. De nuevo erguido, repuesto y atento, Emiliano Zapata desenvaina una vez más.

miércoles, 8 de abril de 2009

Hollywood en Latinoamérica


En el segundo capítulo de su libro, Aires de familia, Carlos Monsiváis relata la estrecha relación que existe entre el cine latinoamericano y el hollywoodense. Describe la influencia de las superproducciones, estrellas y efectos especiales en la cultura. Un choque de identidades que simplemente se desliza en las tradiciones de los pueblos del continente americano, que sin mayor crítica, copian patrones y se identifican con experiencias ajenas.
South of the border, down Mexico’s way , forma parte del ensayo que le valió a Monsiváis, en el 2000, el Premio Anagrama de la categoría. El conjunto de siete capítulos que compone Aires de familia, atiende diferentes conceptos como: popular, cultura o democracia, y los actualiza a través de un siglo de interpretaciones.
El coleccionista, escritor, periodista, cronista e historiador, Carlos Monsiváis, observa al cine como fenómeno social, industria y discurso, que ha sido empleado sin el cuidado de verificar su trascendencia cultural. El cine no es para todo tipo de clases. Si bien cualquiera puede ver una película, el mensaje siempre dependerá del marco de referencia de las personas, sumando diferentes conocimientos y sensaciones que se vivan en el momento.
South of the border, down Mexico’s way (Al sur de la frontera, en el camino de México) analiza el nacimiento del cine, contraponiéndose al teatro, la ópera e inmortalizándose dentro de la conciencia humana.
Al ensayo de Monsiváis, le rondan el Ariel de Rodó o La civilización del espectáculo de Vargas Llosa. El capítulo, en particular, dispara constantemente contra la dependencia que existe entre Hollywood y la cultura latinoamericana. Desde idolatrar a personas de carne y hueso, que adoptan diferentes actitudes (ajenas a su realidad), hasta copiar patrones de conducta o apariencia.
Ese acogimiento que se ha plasmado en las “gringadas” que salen cada viernes, no sólo derribó al cine mexicano, en esencia, sino que instauró también un patrón de producción similar al californiano.